A nueve de cada diez personas les gusta el chocolate. La décima persona siempre miente.
El chocolate es un clásico navideño y del resto del año. Apto para todos los paladares, estaciones y horas del día. En pastilla, fundido, espumoso, con leche, con los más diversos aromas, puede convertirse en un regalo que nadie recibirá desairado. Puede adoptar las formas más dispares y divertidas, así que ¿porque no atreverse a probar? En el mercado encontraremos un sinfín de posibilidades pero... ¡el mundo es de los valientes! Todo lo que necesitáis es unas tabletas de chocolate fondant (entre 2 y 5 euros en cualquier supermercado) y vuestra imaginación. Bombones, tartas, figuras, galletas, canutillos, pastas, cupcakes, batidos, a la taza... mezcladlo con lo que más os guste, o con lo que más le guste a la persona a la que pensáis regalárselo, desde una pizca de sal, pimienta u otra especia, a frutas, aromas, mermeladas... Demostrad lo que sabéis y podéis, y sorprended a vuestra familia con unos bombones navideños, o quedad como un rey mago si acudís de invitado. Vuestra abuela se sentirá orgullosa, los niños estarán encantados y hasta la prima Tere se saltará la dieta. ¡¡¡Que tiemblen mr. Ferrero, mr. Lindt y mr. Nestlé!!! su imperio está a punto de sucumbir... ¿Que no sabéis por dónde empezar? Primer consejo de adviento, y que no se os olvide en lo sucesivo: internet va más allá de la cartelera de cine, los resultados deportivos, la canción de moda y Cityville. Amortizad la conexión ADSL, que buena pasta os cuesta... Y si no, bajad a la biblioteca más cercana (mentiros@, claro que tienes una cerca, en cada pueblo, en cada barrio, la hay) y buscad un recetario especializado. Además, podéis experimentar momentos de placer si dedicáis alguna tarde a elaborar dulces de chocolate con los niños, con vuestra pareja, o que vuestra madre os enseñe alguna receta familiar. La Navidad se inventó hace millones de años, muchos siglos antes de que naciera el famoso niño de Belén (¿cómo era? ¿Brian?), como una fiesta para celebrar el cambio estacional y, como todas las fiestas, son escenarios de socialización, de compartir conocimientos y costumbres. Y las buenas, como el chocolate, nunca habría que perderlas...
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