La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor.
Otra hermosa costumbre perdida. Recuerdo haber salido a la calle a cantar por Santa Lucía, mientras que los niños lo hacían por San Nicolás. Además de alegrar el día y las calles, nos sacábamos nuestro pequeño aguinaldo: llegábamos a casa con los bolsillos llenos de dulces, galletas, muestras de perfume, quizás algún pañuelo, y algunas monedas. Antes, todo el mundo cantaba, al trabajar, al hacer las tareas de la casa, al cocinar... supongo que el ruido de las máquinas y de la televisión ha conseguido callarnos (aunque una siga llevándole la contraria al progreso, como no). Ahora cantar sigue siendo una actividad social, pero fuera del ámbito más público. Se canta en escenarios, en corales, y la cultura musical ha crecido entre la población, ya por vía escolar o mediática. Escuchamos más música que nunca, pero de una manera menos directa. Sin embargo, mirad alrededor... ¿a cuanta gente conocéis en vuestro entorno que cante en algún grupo o toque algún instrumento, siquiera de forma amateur? Ýo veo a Laura, que toca la viola, a Vicky, que canta en el coro universitario, a Max, que toca la guitarra y la bandurria, a David, que canta en un coro gospel, a Assumpta, que canta en una coral, a Mike(G), a Ges, a Tommy, a Mike(Z), a Berni, a Robert, a Borja, a Jordi... Un buen regalo para estas fiestas sería una entrada para ver a alguno de vuestros grupos favoritos en directo pero, ¿por qué no acercaros a disfrutar de los conciertos locales? quizás ese día no toque ninguno de vuestros parientes ni amigos, pero dejaos llevar... os sorprenderá lo que encontréis, siquiera al azar... Callejera que es una, suelo llevarme gratas sorpresas musicales: una Big Band en pleno Raval de Barcelona que lleva el ritmo en el alma; un doctor enseñando pasos de swing en un descanso del trabajo; un flautista japonés prodigioso en el metro; un guitarrista clásico al pie de Montjuic... y hoy mismo, rizando el rizo, un trompetista ensayando lejos del mundanal ruido en un claro de Collserola... Disfrutad de este regalo de la vida, y llevándolo más allá, volved a disfrutar de esos villancicos entrañables en familia, dejad que el espíritu de la navidad temple vuestras cuerdas vocales y cantad sin miedo... Recordad, quien canta, su mal espanta...
Gracies per mantener-me al dia amb aquests escrits tan "wise" :-) - Berni
ResponderEliminaruno dos probando.
ResponderEliminarSi esto realmente funciona, tal vez un dia comente algo...
jeje!
es ke a la feina no funciona be akesta pagina, coses dels firewalls...